Librería Anticuaria Tercer Milenio


EDITORIAL

 

La Bioquímica en España en el siglo XIX (1)

 

A continuación haremos la reseña de algunas de las obras relativas a la Química de los seres vivos publicadas en España durante el siglo XIX y primer tercio del XX.

Introducción

El término bioquímica fue introducido por F. Hoppe-Seyler (1825-1895) en el primer número de la revista Zeitschrift für physiologische Chemie en 1877. Poco después, aparece en español, por ejemplo en el diccionario etimológico de Barcia, aunque la Real Academia Española de la Lengua no lo incorporó a su diccionario hasta la 16ª edición (1936-1939).

La Bioquímica no surgió como disciplina plenamente madura hasta principios del siglo XX como resultado del empleo de las técnicas químicas por biólogos y citólogos.

En el siglo XIX era usado frecuentemente el nombre de Química Biológica como sinónimo de Bioquímica. Ambos términos se han empleado indistintamente desde entonces, perdurando más el primero en los países latinoamericanos y anglosajones.

Los hechos más trascendentales en la evolución del conocimiento químico del mundo vegetal y animal  pueden esquematizarse de la siguiente forma:

1. Consolidación científica de la Química. Desde finales del s. XVIII

2. Cimientos de la Química Orgánica. Mediados s. XIX
3. Desarrollo de la Bioquímica. Comienzos del s. XX
4. Inicio de la Biología Molecular. Segunda mitad del s. XX

Si bien es cierto que el desarrollo de la bioquímica corresponde al siglo XX, el estudio científico de los componentes y procesos químicos propios de los seres vivos hunde sus raíces en épocas más tempranas.

Con este criterio nuestra  reseña abarcará obras relacionadas con la química de los seres vivos publicadas en España desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XX. 

Como hicimos para la Fisiología en relación al desarrollo histórico de España, dividiremos esta exposición en cuatro etapas : final de la Ilustración, periodo de catástrofe, etapa intermedia y periodo de Revolución y de Restauración (ver boletín nº 7).

 

1ª Etapa. Final de la Ilustración (incluyendo la primera década del siglo XIX)

Esta etapa corresponde cronológicamente a la consolidación científica de la química. La obra de su figura más representativa, Lavoisier,  fue recogida por los químicos españoles Aréjula y Gutiérrez Bueno.

El médico Juan Manuel de Aréjula, durante su estancia en París estudiando química junto a Fourcroy, compuso sus Reflexiones sobre la nueva nomenclatura química que fueron publicadas en Madrid en 1788 por Antonio de Sancha en una obrita de 38 páginas acompañada de un prólogo donde incluye una carta a los químicos españoles y una aclaración de que su trabajo no es meramente la traducción de la Nueva Nomenclatura si no su adaptación al castellano.

Pedro Gutiérrez Bueno, catedrático del Colegio de Cirugía de San Carlos, publicó en Madrid en 1788 la obra Método de la nueva nomenclatura química propuesta por Lavoisier, Marveau y Fourcroy, editado por Antonio Sánchez. La obra tuvo una segunda edición en 1801, Madrid, A. Sancha, en un volumen en octavo deXVI+123 páginas. 

Entre otras obras, Gutiérrez Bueno escribió en 1802  su Curso de Química, dividido en lecciones para la enseñanza del Real Colegio de S. Carlos, editado en Madrid por Villalpando. Corresponde a un volumen en 8º de 288 páginas con un total de LXXXVII lecciones y un apéndice sobre el modo de hacer los reactivos. Las lecciones LXVII a LXXX tratan de la química de los reinos vegetal y animal, de las fermentaciones, respiración, digestión, calor animal y putrefacción.

Junto a Gutiérrez Bueno destacaron en esta época los químicos franceses Proust y Chavaneau. Ambos fueron contratados como profesores de química por el Real Seminario Patriótico de Vergara. Luis Proust también fue encargado de la enseñanza de esta materia en el Real Colegio de Artillería de Segovia y de la dirección del Laboratorio de Química de Madrid. Durante su estancia en Segovia inició la publicación de los Anales de los cuales aparecieron dos únicos volúmenes en 1791 y 1795.

En Madrid Francisco Chavaneau fue catedrático de la Real Escuela de Mineralogía y director del laboratorio de Química del Ministerio de Hacienda. En 1790 apareció en Madrid su obra Elementos de Ciencias Naturales, editada por la viuda de Ibarra, de la cual solo llegó a publicarse el primer volumen.

En 1793 se publicaron los Elementos de Química de J. A. Chaptal, Madrid, Viuda e Hijo de Marin. La obra, fue traducida por el médico y químico Higinio Antonio Lorente. Tuvo una segunda edición en 1803, en Madrid, editada por Mateo Repullés. El tomo tercero trata  de las substancias vegetales (páginas 1 a 156) y animales (páginas 156 a 228).

Al comienzo de su etapa científica, la química fue aplicada en España en los campos de la farmacia e industria fundamentalmente. Los siguientes ejemplos ilustran aquella época.

Francisco Carbonell y Bravo publicó en 1802 la primera versión en español de sus Elementos de Farmacia. La obra, que había tenido una primera edición en latín, apareció en Barcelona editada por Juan Francisco Piferrer en  un volumen en 4º de 6 hojas, XIV+146 páginas y una hoja. Es un ejemplo de la aplicación de los nuevos conocimientos químicos a la farmacia.

Tres años después se publicó la tercera edición, también en Barcelona pero por Francisco Isern y Oriol, en  un volumen en 4º de 6 hojas, XIV+173 páginas.

Obsérvese que en esta edición ya aparece Carbonell como catedrático de química y que la antigua denominación de chímica de la edición de 1802, ha sido modernizada.

Carbonell fue catedrático de química en la Escuela de la Real Junta de Comercio del Principado de Cataluña que en los primeros años del siglo XIX impartía clases en la Lonja de Barcelona acompañadas por ejercicios prácticos desarrollados por sus alumnos. Entre estos figuran Agustín Yáñez y Girona, destacado naturalista de la primera mitad del siglo y Juan Bautista Foix, más tarde catedrático de Terapéutica y Materia Médica. Un programa de estos ejercicios fue impreso sin año en Barcelona por los Herederos de Suriá y Burgada en un volumen de 4 hojas y XXXVII páginas.

José María de San Cristóbal y José Garriga y Buach, pensionados en París para completar sus conocimientos químicos junto a Vauquelin, publicaron en esa ciudad, en 1804, un Curso de Química General. La obra fue editada por Carlos Crapelet en dos volúmenes en 4º, de XVIII+422 páginas y XIII láminas plegadas y 603 páginas y XI láminas plegadas, respectivamente.

En 1803 se publicó en Madrid la segunda edición del Diccionario elemental de Farmacia, Botánica y Materia Medica de Manuel Hernández de Gregorio, subtitulado como Aplicaciones de los fundamentos de la Química moderna a la Farmacia en todos sus ramos. La obra fue editada por la Imprenta Real en tres volúmenes en 4º, de 5 hojas, XXVI+376 páginas, 2 hojas y 9 láminas = 428 páginas, 1 tabla plegada y 3 láminas = 478 páginas, 1 lámina y 1 tabla plegada. Incluye artículos como fécula, fermentación, gelatina, gomas, harinas, leche, vinagre, etc.


 

La Bioquímica en España en el siglo XIX (2)

 

2ª y 3ª Etapas. Periodo de catástrofe y etapa intermedia (1808-1868)

Durante la primera mitad del siglo XIX, el desarrollo de conceptos tales como las teorías iónica y de las soluciones, las leyes de la combinación o el concepto de peso equivalente, permitió averiguar los constituyentes de los compuestos químicos (análisis cualitativo) y la determinación de la cantidad existente (análisis cuantitativo). Estos métodos analíticos fueron sistematizados por Fresenius (1818-1897) a mediados del siglo.

El análisis de los compuestos orgánicos presentes en los seres vivos junto a la síntesis en el laboratorio de alguno de ellos condujo al desarrollo de la química orgánica. Justus von Liebig (1803-1873), también a mediados del siglo XIX, representa una de las máximas figuras en este campo.

En aquella época se consideraban los procesos químicos que tienen lugar en las plantas  como complementarios de los que se desarrollan en los animales y así von Liebig creía que el metabolismo animal consistía en una ruta sencilla, unidireccional, en la que los materiales aportados, básicamente proteínas e hidratos de carbono de origen vegetal, eran excretados como productos degradados tales como la urea y dióxido de carbono. El descubrimiento de Claude Bernard ( 1813-1878) de la síntesis y degradación del glucógeno por el hígado, demostró que el metabolismo animal era más complejo.

En este periodo, las obras publicadas en nuestro país relativas a la química de los seres vivos corresponden a tratados de autores españoles aplicados fundamentalmente a la farmacia, medicina o agricultura y a traducciones de obras de alguno de los científicos más valorados internacionalmente.

En 1817 aparecieron las Lecciones Elementales de Chimia del catedrático del Real Colegio de Medicina y Cirugía de Cádiz Juan Rodríguez Jaén. Según indica en la portada, las Lecciones están dirigidas a los alumnos de medicina  y están basadas en los escritos de Fourcroy. La obra se publicó en Cádiz por Manuel Bosch, en un volumen en octavo de XXIV+206 páginas y una hoja de erratas. Se dedican los capítulos XIII a XV a las materias vegetales y fermentación y los capítulos XVI y XVII a las materias animales. No representa ninguna novedad sobre las obras de los decenios anteriores. 

En 1818 se publicaron los Elementos de Química Médica de Orfila (Mahón, 1787-París, 1853), traducidos por el mismo autor de la edición original francesa de 1817. La obra apareció en Madrid editada por Francisco de la Parte en dos volúmenes en cuarto, de XVI+554 páginas y doce láminas fuera de texto con 68 figuras y XII+512 páginas y dos láminas fuera de texto con 6 figuras, respectivamente. El segundo volumen está dedicado, entre otros temas, a describir las materias de origen vegetal y animal. También Orfila sigue en esta obra las líneas clásicas de los tratados de química anteriores.

En 1829 apareció la Química aplicada a la Agricultura de Chaptal vertida al español por Juan Plou y editado en Barcelona por José Rubio. La obra se publicó en dos volúmenes en cuarto, de XXXII+215 páginas+2 hojas (tabla de materias y erratas) y 318 páginas y dos hojas (tabla de materias y erratas) y un cuadro plegado, respectivamente.

El médico higienista Francisco Méndez Álvaro (Pajares, Ávila, 1806-Madrid, 1883) en colaboración con M. Nieto Serrano, dirigió la publicación de una serie de prontuarios de Ciencias Médicas destinados a los alumnos de medicina. El tomo dedicado a la química apareció en Madrid en 1847 y fue redactado por Juan Chavarri, en un volumen en octavo de 204 páginas.

En 1845 se publicó en Cádiz, editada por la Sociedad de la Revista Médica, la obra Química Orgánica aplicada a la Fisiología Animal y a la Patología de Justus von Liebig (Darmstadt, 1803-Munich, 1873), en un volumen en cuarto de 271 páginas y 2 hojas de índice y erratas.

En 1850 se publicaron en Barcelona, editadas por A. Frexas, las Cartas Químicas del mismo autor. El volumen en cuarto de 239 páginas, trata, entre otras materias de la relación de la química con la fisiología, de los alimentos y del crecimiento del organismo animal, de la circulación de la materia en los reinos vegetal y animal y del origen del carbono y del nitrógeno en los vegetales. El tratamiento de los procesos transformativos de los compuestos químicos en los seres vivos constituye  la novedad de esta obra. 

De 1849 es el Resumen de las Lecciones de Química de Dumas (Alès, 1800-Cannes, 1884). La obra, un volumen en octavo de 518 páginas y 2 láminas plegadas fuera de texto con 13 figuras, apareció en Madrid, editado por Jaimebon y Compañía. Las últimas cinco lecciones están dedicadas a los compuestos orgánicos.

Francisco Carbonell y Font (Barcelona, 1792-Barcelona, 1854), hijo de Francisco Carbonell y Bravo, tradujo la segunda edición de la Química de Jean Girardin. La obra apareció en Madrid en 1854 en dos volúmenes en cuarto y el autor la divide en química mineral, vegetal y animal.

En 1853 se publicó en Madrid la obra Análisis Química Cuantitativa  del alemán K. R. Fresenius, un volumen en cuarto de 375 páginas y 69 figuras, editado por Manuel A. Gil. El capítulo VI trata del análisis de las sustancias orgánicas.

En 1867 se publicó en Madrid, editado por J. M. Ducazcal, la obra Lecciones de Filosofía Química del francés C. A. Wurtz (1817-1884), un volumen en cuarto de 241 páginas y una hoja con el índice. Trata de una serie de conceptos básicos de química moderna.

El ejemplar aquí representado perteneció a Victorino García de la Puerta y a Manuel Bordas.


 

La Bioquímica en España en el siglo XIX (3)

 

4ª Etapa. Periodo de Revolución y de Restauración (Primera parte)

El trabajo y la obra de los químicos españoles de la etapa anterior, fructificó durante este periodo en lo que se ha calificado como generación de los sabios. Nunca, ni antes ni después, a existido en nuestro país un nivel científico tan elevado.

Gabriel de la Puerta (1839-1908) fue catedrático de Química Orgánica en la Facultad de Farmacia de Madrid (1883) y autor, entre otras,  de la obra Química Orgánica general y aplicada a la Farmacia, Medicina, Industria, Agricultura y Artes (1868-1869) en dos volúmenes en cuarto de  528 + 14 páginas y 22 figuras y 724 páginas y 13 figuras (numeradas de la 23 a la 35), respectivamente.

y de un Manual de Química Orgánica editado en Madrid por Gregorio Estrada en 1879, en un volumen en octavo de 240 páginas y una lámina plegada con cinco figuras.

Juan Ramón Gómez Pamo es el autor del Manual de  Análisis Química aplicada a las Ciencias Médicas, 1874, 3ª edición, Moya y Plaza Madrid, un volumen en cuarto de VIII + 726 páginas, ilustrada con 150 grabados y dos láminas cromo-litografiadas.

En 1891 se publicó uno de los primeros tratados de bioquímica en español. Se trata de la traducción de Vicente Peset y Cervera de la obra Tratado de Química Biológica de Adolfo Wurz. Se editó en Valencia por Pascual Aguilar en un volumen en cuarto de VIII + 827 páginas, con 28 figuras.

En 1888 se había creado la Cátedra de Química Biológica en la Facultad de farmacia de Madrid  que ocupó Laureano Calderón Arana (1847-1894) hasta su muerte, autor del Discurso inaugural leído en la Universidad Central,  La Química descriptiva y la Química racional (1892), que fue reproducido en Comptes-rendus de la Academia de Ciencias de París.

José Rodríguez Carracido (Santiago de Compostela,1856-Madrid,1928) sucedió a Calderón a partir de 1898 como catedrático de Química Biológica y constituye el bioquímico español más relevante siglo XIX y principios del XX.

Escribió un Tratado de Química Orgánica publicado en Madrid en 1888 editado por Juan Muñoz Sánchez en un volumen en cuarto de 924 páginas y 54 figuras.

Su Tratado de Química Biológica, representa el primer tratado de bioquímica escrito por un autor español. Fue publicado en Madrid en 1903 por Perlado, Páez y C.ª en un volumen en cuarto de725 páginas y 114 figuras.

La Nueva Química fue publicada en 1888 en Madrid por Nicolás Moya en un volumen en octavo de 310 páginas.

La evolución de la Química se publicó en Madrid por la Viuda de Hernando y C.ª en un volumen en octavo de 349 páginas y 3 figuras

También fue autor de los compendios de Química Orgánica y Química Biológica editados por Manuel Soler de 183 páginas + 19 figuras y 173 páginas + 33 figuras, respectivamente.

En 1924 se publicó el libro homenaje a  Rodríguez Carracido, Cuestiones Bioquímicas y Farmacéuticas donde se recogen muchos de sus trabajos.

Al finalizar el siglo XIX se publicó la Química Biológica aplicada a la Higiene y a la patología Humanas de H. Ardieta, prologado por J. Giné y Partagás. Fue editado en Barcelona por Manuel Soler en dos volúmenes en cuarto, de X + 702 páginas, 206 figuras y 3 láminas y 666 páginas, 135 figuras y tres láminas.


La Bioquímica en España en el siglo XIX (y 4)

 

4ª Etapa. Periodo de Revolución y de Restauración (Conclusión)

En esta época destacó el químico Antonio de Gregorio Rocasolano (Zaragoza, 1873-Zaragoza, 1941), catedrático de la Facultad de Ciencias de su ciudad natal a partir de 1902. Sus publicaciones versan fundamentalmente sobre la química de los coloides y sobre bioquímica agrícola y médica. Uno de sus primeros trabajos fue Estudio químico de la harina y del pan, editado en 1895 por M. Ventura en Zaragoza. Este trabajo se publicó en un volumen  en cuarto de 108 páginas y una hoja (índice). El autor se lo dedicó a su paisano Tomás Castellano, por entonces ministro de ultramar y destacado impulsor de la industria harinera.

Fue autor de Estudios químico físicos sobre la materia viva, cuya 2ª edición apareció en 1917 en Zaragoza editada por Gregorio Casañal en un volumen en cuarto de 358 páginas y 90 figuras.

En 1928 apareció en Zaragoza su Tratado de Bioquímica, editado por Gambón en un volumen en cuarto de 612 páginas e ilustrado con 35 figuras.

En 1929 apareció la Química para Médicos y Naturalistas, escrita en colaboración Luis Bermejo Vida, catedrático de Química Orgánica en Madrid. Fue publicado por Ramona Velasco en un volumen en cuarto de 937 páginas, una hoja y 58 figuras.

Entre 1933 y 1939 aparecieron los tres volúmenes de su obra Aportación Bioquímica al problema agrícola del Nitrógeno. El volumen primero apareció en Zaragoza, editado por Gambón en cuarto y  175 páginas. El volumen tercero se publicó también en Zaragoza por El Noticiero en cuarto de 186 páginas.

José Giral y Pereira (Santiago de Cuba, 1879-México, 1962), discípulo de Rodríguez Carracido y catedrático de bioquímica en la Universidad de Madrid, escribió Análisis orgánico funcional. Identificación sistemática de especies químicas, un volumen en cuarto de 636 páginas, editado en Madrid por Victoriano Suárez en 1913.

En colaboración con Obdulio Fernández, publicó entre 1926 y 1928, el Tratado de Química Orgánica pura y aplicada a las Ciencias médicas. La obra en se publicó en tres volúmenes de los cuales los dos primeros se deben a Giral. Dos volúmenes en cuarto de VIII +346 páginas y 113 figuras = 593 páginas respectivamente. Corresponden a Parte General y a los Compuestos Acíclicos de la Parte Descriptiva.

A  Obdulio Fernández y Rodríguez, nacido en 1883 en Frias, Burgos, catedrático de la Facultad de Farmacia de Madrid, se debe la Parte descriptiva de los compuestos cíclicos, Tomo III del Tratado referido. Un volumen en cuarto de 616 páginas.

Obdulio Fernández en 1912, siendo catedrático de la Facultad de Farmacia de Granada, publicó su memoria Principios bioquímicos de la farmacodinamia sintética, en un volumen en cuarto de 211 páginas.

En 1926 publicó la obra Arquitectura molecular de los agentes terapéuticos, editado por A. Medina en Toledo, en un volumen en cuarto de 238 páginas.

Por esta época eran ya numerosas las publicaciones sobre bioquímica debidas tanto a autores españoles como traducciones al español de obras de bioquímicos extranjeros. Ejemplo de los primeros podemos citar a Florencio Bustinza Lachiondo, discípulo de Obdulio Fernandez y autor de diversos artículos como Sobre la constitución química de los taninos y su papel fisiológico publicado en Conferencias y Reseñas Científicas de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo IV, páginas 73-81 (1929).

Como ejemplo de traducciones podemos citar algunas obras como el Manual de Química Clínica de Supino, traducida y ampliada por Augusto Pí y Suñer, el la cual se describen las técnicas de análisis de los materiales biológicos. Se publicó en 1907 en Barcelona editada por Gustavo Gili en un volumen en octavo de 228 páginas, 19 figuras y XI láminas. 

En 1914 se publicó la obra Fermentos defensivos del Organismo Animal de Emil Abderhalden, interesante por la descripción de las técnicas de investigación bioquímica, diálisis y tecnicas polarimétricas. Hay que hacer constar que Abderhalden fue autor de un monumental Handbuch der biologischen Arbeitsmethoden. La traducción española de Fermentos defensivos se publicó en Barcelona, editado por Estvdio en un  volumen en cuarto de XVI+199 páginas, 11 figuras y 2 láminas.

En 1928 se publicó en Barcelona, editado por Labor el Compendio de Bioquímica de P. Rondoni en un volumen en cuarto de XIII+855 páginas y 20 figuras.  

Como ejemplo de pequeños manuales divulgativos que aparecieron en este periodo, podemos citar Introducción a la Bioquímica de Walther Löb publicada en Colección Labor en 1929. Se editó en Madrid en un volumen en octavo de 143 páginas y 19 figuras.

También en 1929 se publicó en Madrid la obra de Pryde, Recientes Adquisiciones en Bioquímica. La obra fue editada por Javier Morata en un volumen en octavo de XIII+428 páginas y 38 figuras.

Por ultimo citaremos dos obras de interés histórico para la bioquímica española. La primera, Química Fisiológica de Leopoldo López Pérez, apareció en 1922 en Madrid editada por Saturnino Calleja. Puede considerarse como el primer manual de prácticas  de bioquímica de un autor español. La obra corresponde a un volumen en octavo de 194 páginas.

La segunda obra es Elementos de Bioquímica de Severo Ochoa, quien recibiría en 1959 el premio Nobel de Fisiología y Medicina por la síntesis del ARN, escrita en colaboración con J. Hernández Guerra en 1927. La segunda edición fue editada por la Editorial España en Madrid en 1929, en un volumen en cuarto de 271 páginas y 30 figuras.


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