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EDITORIAL
La Fisiología en España en el siglo XIX
No referiremos a algunas de las obras de fisiología publicadas en España durante el siglo XIX con el fin de ofrecer un panorama de la bibliografía disponible en nuestro idioma en el tiempo en el que la biología y la medicina adquirieron plenamente su carácter científico.
La Fisiología en España en el siglo XIX (1)
Siguiendo a López Piñero (López Piñero, J. M. et al. Medicina y Sociedad en la España del siglo XIX. Madrid. Sociedad de de Estudios y Publicaciones. 1964) podemos distinguir cuatro periodos que haremos corresponder con otros tantos editoriales:
1. Final de la Ilustración. Etapa que, enraizada en el siglo XVIII, ocupa aproximadamente la primera década del XIX. Durante aquellos años, España ofrece un nivel científico aceptable.
2. Periodo de catástrofe. Correspondiente a la Guerra de la Independencia y al reinado de Fernando VII (hasta 1833). Las instituciones son desmanteladas sufriendo la vida cultural la interrupción de su desarrollo.
3. Etapa intermedia (1833-1868). Las condiciones socio-políticas mejoran pero la ciencia española arrastra las consecuencias del periodo anterior. Particularmente, el desarrollo de la Fisiología es muy escaso.
4. Revolución y Restauración (1868-1918). La generación intermedia de hombres de ciencia, nacidos en el periodo anterior, da lugar a una generación de sabios que junto con sus herederos científicos constituyen una de las etapas más brillantes de la historia cultural española.
1. Bibliografía española sobre Fisiología al final de la Ilustración
Cabe distinguir la producción original de autores españoles de la de obras de autores extranjeros vertidas a nuestro idioma.
Las obras de Fisiología originales son escasas. Los trabajos publicados en las Memorias de la Academia Médico-Práctica de Barcelona o de la Sociedad de Medicina y otras Ciencias de Sevilla no rozan si no de lejos esta materia. No obstante aparecieron obras de gran interés como la de Antonio Martí sobre fisiología vegetal tratada de forma monográfica en nuestro Boletín número 4. Científicos como Ruiz de Luzuriaga, Cibat, Ponce de León o Carbonell y Bravo son también autores de obras sobre Fisiología.
El médico Antonio Cibat publicó en 1805 sus Memorias Físicas sobre el influjo del gas hidrógeno en la constitución del hombre y sobre los efectos que en ella causa el oxígeno del aire atmosférico. El objeto del trabajo queda resumido perfectamente en la dedicatoria de la obra a Luis María Fernández de Córdova cuya reproducción ofrecemos.
Más numerosas fueron las obras extranjeras de Fisiología traducidas y publicadas en España. La calidad y prontitud con que se realizaron las ediciones españolas hablan del interés que tanto los traductores como sus lectores mantuvieron sobre la oferta científica de fuera de nuestras fronteras.
En 1793 se publicó la obra Experimentos acerca de la digestión en el hombre y en diversas especies de animales de Lázaro Spallanzani, traducida por el cirujano José Bonillo
desde la edición francesa y editada en Madrid por Blas RománEn 1803 se publicó la obra Experimentos acerca del galvanismo, y en general sobre la irritación de las fibras musculares y nerviosas de Alexader von Humboldt en Madrid, Imprenta del Real Arbitrio de Beneficencia en dos volúmenes.
También en 1803 fueron traducidos desde la 2ª edición francesa Los nuevos elementos de Fisiología de Anthelmo Richerand y publicados en cuatro volúmenes en Madrid por la Imprenta Real.
Las obras de Bichat fueron así mismo publicadas muy pronto en español. Sus Investigaciones Fisiológicas sobre la vida y la muerte, traducidas por el médico Tomás García Suelto aparecieron en Madrid en 1806 editadas por la Administración del Real Arbitrio.
Un año más tarde, en 1807 se publico por la Hija de Ibarra en Madrid la obra cumbre de Bichat Anatomía General aplicada a la Fisiología y a la Medicina traducida por el médico Ramón Trujillo.
La Fisiología en España en el siglo XIX (2)
2. Bibliografía española sobre Fisiología en el periodo de catástrofe
Correspondiente a la Guerra de la Independencia y al reinado de Fernando VII (hasta 1833), en este periodo las instituciones fueron desmanteladas, sufriendo la vida cultural la interrupción de su desarrollo. El régimen absolutista desconfió sistemáticamente del saber científico y médico desarrollado durante la etapa liberal que le precedió y sus cultivadores fueron perseguidos hasta verse abocados al ostracismo o al exilio.
Como en la etapa anterior, distinguimos la producción original de autores españoles de la de obras de autores extranjeros vertidas a nuestro idioma.
Las obras escritas por fisiólogos españoles en estos años son escasas y poco originales. Ejemplos son la de Juan Vicente Carrasco y la de Juan Mosácula.
Juan Vicente Carrasco fue autor de una obra titulada Compendio de Fisiología, publicada en Madrid en 1817 y destinada, como la de Mosácula, a los estudiantes de Medicina y Cirugía. Como el autor indica, sigue la doctrina del fisiólogo francés Dumas, cuyos Principios de Fisiología vertidos al castellano, menciona en el texto.
La obra, publicada en dos tomos en 16º, de 472 y 420 páginas, se acompaña de un prólogo de cuatro hojas al final del cual dice "La Real junta superior gubernativa de Cirugía, considerando útil para la enseñanza de los alumnos de los Reales Colegios del reyno la presente obra, ha tenido a bien determinar se coloque entre las demás obras elementales que deben servir de texto para las lecciones ordinarias en sus respectivos ramos". En dicho prólogo solo se citan dos fisiólogos, Haller y el propio Dumas. Según indica, le cupo el honor de presentar al público la traducción de la obra de Dumas y por motivo de encontrarse esta a punto de agotarse, se decidió a realizar un compendio de la segunda edición francesa. Acepta el autor, por tanto, la falta de originalidad de su obra, concebida únicamente como texto para los estudiantes de medicina y cirugía.
Juan Mosácula Cabrera, catedrático de fisiología en el Colegio de San Carlos de Madrid desde 1819, fue separado durante dos años de su cátedra por el gobierno absolutista debido a sus ideas liberales. Fue seguidor de Magendie y Adelon y publicó unos Elementos de Fisiología Especial, obra de texto para los alumnos del Colegio, basada en la Fisiología de Adelon. La obra fue publicada en Madrid en 1830 por Hijos de Catalina Piñuela, en dos tomos en 16º, de XIV+516 y VII+470 páginas, respectivamente.
Los tratados de fisiología vertidos al castellano fueron, en este periodo, más numerosos. Aparte de la citada de Dumas, se publicaron dos obras de Broussais, ambas en 1827.
Pedro Sanz, en Madrid, publicó los Principios de la medicina Fisiológica y Examen de la Anatomía Patológica y de algunas doctrinas nuevas.
Constituyó un volumen en 8º de 289 páginas de las cuales sólo las quince primeras se dedican a la fisiología.
Manuel Hurtado de Mendoza tradujo el tratado de Fisiología de su maestro Broussais. La obra fue publicada en Madrid en 1827 por Fermín Villalpando en dos tomos en 4º, de VIII + 336 y 341 páginas, respectivamente. Broussais, jefe de los servicios sanitarios del ejercito francés en España y profesor de la facultad de medicina de París, fue famoso por el dogmatismo de sus teoría (broussismo) según las cuales, todas las enfermedades tienen un origen inflamatorio, fundamentalmente de localización gastrointestinal. Manuel Hurtado de Mendoza que le había conocido en España, se exilió en Francia al terminar la guerra de la Independencia, obteniendo el título de doctor en medicina en París donde tuvo como maestro al propio Broussais, adoptando fervientemente sus teorías. Regresó a España en 1820, desplegando una gran actividad científica aunque su situación cambió bruscamente hacia 1834 con el hundimiento del broussismo y la pérdida de la protección que los intelectuales afrancesados habían disfrutado de Fernando VII.
La Fisiología de Magendie bajo el título de Compendio Elemental de Fisiología, se publicó en Barcelona entre 1828 y 1929 por la Viuda e Hijos de Antonio Brusi en tres tomos en 4º, de VIII + 280 páginas + 4 hojas+ 5 tablas plegadas (tablas I a IV) = 233 páginas =210 páginas + 2 láminas. La traducción corrió a cargo de Ramón Frau, catedrático del Real Colegio de Medicina y Cirugía de Barcelona y de Juan Trias, primer médico del Hospital de Palma de Mallorca.
Magendie, descubridor de la función de las raíces de la médula espinal, de la anafilaxia e introductor de drogas como la estricnina y morfina, fue profesor en el colegio de Francia donde tuvo como alumno a Claude Bernard.
En 1831 se publicó en Madrid por los Hijos de Doña Catalina Piñuela, el Manual de la Fisiología del Hombre de Hutin en un volumen en 8º de 493 páginas, traducido por Julián José Rodríguez del Valle. Se trata de un manual dedicado a los estudiantes de medicina y cirugía, adaptado a las enseñanzas de fisiología en la Facultad de Medicina de París y que recoge los conocimientos aportados por diversos autores como Richerand, Dumas, Broussais, Magendie, Adelon, etc.
La Fisiología en España en el siglo XIX (3)
3. Bibliografía española sobre Fisiología en el periodo intermedio (1833-1868)
La vida científica española, sumida en una profunda crisis por la situación política e institucional del reinado absolutista de Felipe VII, solamente se normalizó de forma lenta y progresiva a lo largo de los tres decenios posteriores de predominio liberal. La transformación que en Europa sufrió el estudio de la Fisiología desde las concepciones especulativas vitalistas y de la Naturphilosophie hasta constituirse como una ciencia experimental, tuvo su expresión en España con marcado retraso.
Por los años en que J. Müller publicaba su Handbuch der Phisiologie des Menschen, Antonio Ribot, que llegó a ser un escritor y político de renombre, redactó y publicó en Barcelona un compendio de las lecciones de Fisiología dadas por el catedrático Juan Ribot. El contenido de estas lecciones es prácticamente el mismo que el de las obras del periodo anterior. Reproducimos la portada de esta obra correspondiente a un ejemplar que aparentemente debió pertenecer al general Espartero, el cual, precisamente llevó a la victoria a las fuerzas liberales en la batalla de Luchana durante la primera guerra carlista la víspera de la Navidad de 1836.
En el prólogo de esta obra, el redactor menciona la costumbre de los estudiantes de aquellos años de utilizar copias manuscritas de los Elementos sucintos de Fisiología de Juan Ribot de 1822, debido a su escasez . A este contexto pertenece la obra titulada Fisiología arreglada a las explicaciones de Dn Joaquin Hisern. Curso 1848 a 1849 de Dionisio Lopez Sanchez Regadera, manuscrito de 85 páginas, cuya portada reproducimos.
Joaquín Hysern (1804-1883), natural de Bañolas, fue catedrático de Fisiología en la universidad Central. Partidario de la ciencia experimental, practicó vivisecciones a partir de 1836. Se le menciona como ejemplo demostrativo del ambiente cultural de la época ya que en 1850 fue acusado de mal profesor debido al uso, supuestamente excesivo, de la experimentación en sus enseñanzas.
En 1857, Marcos Bertrán y Pastor, catedrático de Fisiología en la Universidad Literaria de Barcelona, publicó unos Rudimentos de Fisiología, que según indica en la portada corresponden a un resumen de sus lecciones. En el prólogo coloca esta materia dentro de las ciencias naturales de observación y experimentales pero no duda en afirmar que su obra está escrita con sencillez y escolásticamente. De hecho, sigue idéntica línea de todas las obras citadas anteriormente, cuyo objetivo era dotar a los alumnos de un texto apropiado. Ofrecemos la portada de la misma, correspondiente a un ejemplar que perteneció al naturalista Padre Manuel Bordás, uno de los pioneros de los estudios genéticos en España en las primeras décadas del siglo XX.
Conviene mencionar que en este periodo aparecieron obras de fisiología de buen nivel debidas a profesores de Escuelas de Veterinaria. Tales son los casos de Casas de Mendoza y de Martínez de Anguiano. En 1834, Nicolás Casas de Mendoza, catedrático en Madrid, publicó sus Elementos de Fisiología y de 1864 es la 3ª edición de sus Elementos de fisiología comparada de los animales domésticos (Madrid, Angel Calleja). Pedro Martínez de Anguiano, catedrático de Fisiología e Higiene en la Escuela Veterinaria de Zaragoza publicó una interesante obra titulada Recopilación histórico-bibliográfica de la circulación de la sangre en el hombre y los animales (Zaragoza, Agustín Peiro)
Como puede observarse, el ejemplar reproducido de Casas de Mendoza lleva la firma de Pedro M. de Anguiano.
A pesar de que las obras mencionadas hablan del lento progreso de la Fisiología en España, en este periodo se dispuso de traducciones de relevantes publicaciones de fuera de nuestras fronteras. En 1843 se publicó el Nuevo Tratado de Fisiología del Hombre, traducción de la 1ª edición de la Physiologie élémentaire de l'homme, que J.-L. Brachet había publicado en 1837 en colaboración con Fouilhoux. La edición española fue publicada en Madrid por la Viuda e Hijos de Calleja, en dos tomos en 8º, de 636 y 568 páginas respectivamente.
En 1846 apareció la traducción española, a través de una edición francesa, del Tratado de Fisiología de Johannes Peter Müller, en la cual el médico alemán recogía todo el saber fisiológico de la época. La obra se editó en siete tomos en 8º, en Madrid por Ignacio Boix.
El propio Nicolás Casas en colaboración con el médico Francisco Alvarez redactaron un Compendio de Fisiología de Johannes Müller que se publicó en 1847 en Madrid por la Viuda e Hijos de Calleja, en un volumen en 8º de 487 páginas
En 1868 se publicó la 2ª edición del Tratado de Fisiología Humana de J. Beclard, Madrid, Carlos Bailly-Bailliere, interesante por ofrecer una relación de las principales obras de Fisiología publicadas, según indica el texto, desde Haller hasta nuestros días, algunas de ellas con indicación de su traducción al español.
La Fisiología en España en el siglo XIX (y 4)
4. Bibliografía española sobre Fisiología en el periodo de revolución y Restauración (1868-1918)
A partir de 1868, el nivel científico de la fisiología española fue elevándose progresivamente. Si bien este progreso se debió inicialmente, más al esfuerzo personal de profesionales nacidos en la primera mitad del siglo XIX que a las condiciones sociopolíticas en que se desarrollaron, también es verdad que su trabajo fructificó en una generación de sabios integrados plenamente en la ciencia europea. El prestigio que adquirieron las ciencias naturales, las liberó de las ataduras ideológicas anteriores y en España su estudio y desarrollo se vieron favorecidos por la tranquilidad política de la Restauración.
Juan Magaz y Jaime, nacido en Calatayud en 1822, fue primero catedrático de física y química médica en Santiago y Barcelona y después de fisiología en esta ciudad. En 1874 fue nombrado catedrático de fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Central. En 1855 publicó en la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona una modificación del aparato de Marsh para la determinación de arsénico.
En 1869 publicó en Barcelona, Narciso Ramírez y C.ª, su Tratado Elemental de Fisiología Humana, en dos volúmenes en 4º de 381 y 453 páginas respectivamente.
Esta obra que conocería hasta cuatro ediciones, constituyó el texto más usado en la docencia durante muchos años. La cuarta edición, publicada en Madrid por Nicolás Moya en 1885, tuvo la colaboración de Ramón Coll y Pujol, catedrático de fisiología en la Facultad de Medicina de Barcelona, el cual había publicado a su vez, un Programa de Fisiología Humana en Barcelona, La Academia de E. Ullastres en 1882.
Ofrecemos la reproducción de la dedicatoria autógrafa que Magaz escribió en un ejemplar de la segunda edición de 1871 de su Tratado de Fisiología para Coll y Pujol.
La influencia del magisterio de Magaz durante décadas queda reflejada por Jaime Majó y Ribas, médico de Barcelona, que en 1890 publicó un Tratado elemental de fisiología humana, Barcelona, Antonio Rosés. Majó escribe en el prólogo que su obra se basa en los apuntes que había tomado de las clases de Magaz en el curso de 1863 a 64, al cual acudía como alumno, calificando a su maestro como gloria del profesorado español.
La labor de estos autores no trascendió fuera de nuestra fronteras y hemos de llegar a científicos como Gómez Ocaña y Ramón Turró para que la fisiología española alcance un verdadero nivel europeo.
A la jubilación de Magaz en 1894, ocupó la cátedra de fisiología de Madrid José Gómez Ocaña que era catedrático en la Facultad de Medicina de Cádiz. Su labor docente se basó en la experimentación lo que representó un avance cualitativo de importancia con respecto a su antecesor. Publicó su Fisiología humana teórica y experimental en Madrid, en 1896, con reediciones de 1900, 1904, 1909 y 1915. En el prólogo de la 1ª edición expresa que el objetivo de la obra es su utilidad para los estudiantes de medicina y para los médicos prácticos. Reproducimos la portada de la 2ª edición que consta de dos volúmenes en 4º de 515 y 521 páginas respectivamente. Apareció en Madrid, editado por el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús.
Ramón Turró (1954-1926), debido a su carácter, no terminó los estudios de medicina, aunque se licenció en veterinaria en Santiago con el fin de poder ocupar algún cargo público. Se dedicó a la fisiología , microbiología e inmunología, fundamentalmente. Entre sus publicaciones destaca Orígenes del conocimiento. El hambre (Barcelona, Minerva), editado originalmente en lengua catalana en 1912. Bajo su dirección hizo Augusto Pi Suñer sus primeros trabajos de investigación.
Augusto Pi Suñer (1879-1965) representa la cima del progreso que la ciencia fisiológica española experimentó durante el siglo XIX. En 1900 se doctoró en Madrid con el trabajo La vida anaerobia que fue publicado un año más tarde por La Académica, en Barcelona.
Catedrático de Fisiología en la Facultad de Sevilla en 1904, ocupó la de Barcelona en 1916, sustituyendo a Coll y Pujol. En 1909 publicó, junto con Rodrigo Lavin, su Fisiología General.
Fue director de la revista Treballs de la Societat de Biología, en donde publicaron fisiólogos como Negrin o Bellido.
Al margen de las obras españolas originales, en este periodo se dispuso en España de numerosas traducciones, tales como el Curso de fisiología de Küss, Madrid, Lázaro Maroto y Roldán, 1876, el Compendio de fisiología humana de Budge, Valencia, Pascual Agular, 1877, el Tratado didáctico de fisiología humana de Luciani, en tres volúmenes, editado por Antonio Virgili a principio del siglo XX y sobre todo la obra esencial de Claude Bernard, Introducción al estudio de la medicina experimental, publicada en Madrid por Enrique Teodoro en 1880, en un volumen en 8º de 445 páginas.