Nº 10                   Octubre-Noviembre, 2002


EDITORIAL

(Actualizada el 11 de mayo de 2003)

 

La Fisiología en España en el siglo XIX (y 4)

En este número, TERMILA  termina la reseña, iniciada en números anteriores, de algunas de las obras de fisiología publicadas en España durante el siglo XIX.

4. Bibliografía española sobre Fisiología en el periodo de revolución y Restauración (1868-1918)

A partir de 1868, el nivel científico de la fisiología española fue elevándose progresivamente. Si bien este progreso se debió inicialmente, más al esfuerzo personal de profesionales nacidos en la primera mitad del siglo XIX que a las condiciones sociopolíticas en que se desarrollaron, también es verdad que su trabajo fructificó en una generación de sabios integrados plenamente en la ciencia europea. El prestigio que adquirieron  las ciencias naturales, las liberó de las ataduras ideológicas anteriores y en España su estudio y desarrollo se vieron favorecidos por la tranquilidad política de la Restauración.

Juan Magaz y Jaime, nacido en Calatayud en 1822,  fue primero catedrático de física y química médica en Santiago y Barcelona y después de fisiología en esta ciudad. En 1874 fue nombrado catedrático de fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Central. En 1855 publicó en la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona una modificación del aparato de Marsh para la determinación de arsénico.

En 1869 publicó en Barcelona, Narciso Ramírez y C.ª, su Tratado Elemental de Fisiología Humana, en dos volúmenes en 4º de 381 y 453 páginas respectivamente.

Esta obra que conocería hasta cuatro ediciones, constituyó el texto más usado en la docencia durante muchos años. La cuarta edición, publicada en Madrid por Nicolás Moya en 1885, tuvo la colaboración de Ramón Coll y Pujol,  catedrático de fisiología en la Facultad de Medicina de Barcelona, el cual había publicado a su vez, un Programa de Fisiología Humana en Barcelona, La Academia de E. Ullastres en 1882.

Ofrecemos la reproducción de la dedicatoria autógrafa que Magaz escribió en un ejemplar de la segunda edición de 1871 de su Tratado de Fisiología para Coll y Pujol.

La influencia del magisterio de Magaz durante décadas queda reflejada por Jaime Majó y Ribas, médico de Barcelona, que en 1890 publicó un Tratado elemental de fisiología humana, Barcelona, Antonio Rosés. Majó escribe en el prólogo que su obra se basa  en los apuntes que había  tomado de las clases de Magaz en el curso de 1863 a 64, al cual acudía como alumno, calificando a su maestro como gloria del profesorado español.

La labor de estos autores no trascendió fuera de nuestra fronteras y hemos de llegar a científicos como Gómez Ocaña y Ramón Turró para que la fisiología española alcance un verdadero nivel europeo.

A la jubilación de Magaz en 1894, ocupó la cátedra de fisiología de Madrid José Gómez Ocaña que era catedrático en la Facultad de Medicina de Cádiz. Su labor docente se basó en la experimentación lo que representó un  avance cualitativo de importancia con respecto a su antecesor. Publicó su Fisiología humana teórica y experimental en Madrid, en 1896, con reediciones de 1900, 1904, 1909 y 1915. En el prólogo de la 1ª edición expresa que el objetivo de la obra es su utilidad para los estudiantes de medicina y para los médicos prácticos.  Reproducimos la portada de la 2ª edición que consta de dos volúmenes en 4º de 515 y 521 páginas respectivamente. Apareció en Madrid, editado por el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús.

Ramón Turró (1954-1926), debido a su carácter, no terminó los estudios de medicina, aunque se licenció en veterinaria en Santiago con el fin de poder ocupar algún cargo público. Se dedicó a la fisiología , microbiología e inmunología, fundamentalmente. Entre sus publicaciones destaca Orígenes del conocimiento. El hambre (Barcelona, Minerva), editado originalmente en lengua catalana en 1912. Bajo su dirección hizo Augusto Pi Suñer sus primeros trabajos de investigación.

Augusto Pi Suñer (1879-1965) representa la cima del progreso que la ciencia fisiológica española experimentó durante el siglo XIX.  En 1900 se doctoró en Madrid con el trabajo La vida anaerobia que fue publicado un año más tarde por La Académica, en Barcelona.

Catedrático de Fisiología en la Facultad de Sevilla en 1904, ocupó la de Barcelona en 1916, sustituyendo a Coll y Pujol. En 1909 publicó, junto con Rodrigo Lavin, su Fisiología General.

Fue director de la revista Treballs de la Societat de Biología, en donde publicaron fisiólogos como Negrin o Bellido.

Al margen de las obras españolas originales, en este periodo se dispuso en España de numerosas traducciones, tales como el Curso de fisiología de Küss, Madrid, Lázaro Maroto y Roldán, 1876, el Compendio de fisiología humana de Budge, Valencia, Pascual Agular, 1877,  el Tratado didáctico de fisiología humana de Luciani, en tres volúmenes, editado por Antonio Virgili a principio del siglo XX y sobre todo la obra esencial de Claude Bernard,  Introducción al estudio de la medicina experimental, publicada en Madrid por Enrique Teodoro en 1880, en un volumen en 8º de 445 páginas.


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