Nº 17                   Diciembre, 2003-Enero, 2004


EDITORIAL

La Bioquímica en España en el siglo XIX (1)

(Actualizada el 24.1.2004 y el 6.3.2004)

En este número, TERMILA comienza la reseña de algunas de las obras relativas a la Química de los seres vivos publicadas en España durante el siglo XIX y primer tercio del XX.

Introducción

El término bioquímica fue introducido por F. Hoppe-Seyler (1825-1895) en el primer número de la revista Zeitschrift für physiologische Chemie en 1877. Poco después, aparece en español, por ejemplo en el diccionario etimológico de Barcia, aunque la Real Academia Española de la Lengua no lo incorporó a su diccionario hasta la 16ª edición (1936-1939).

La Bioquímica no surgió como disciplina plenamente madura hasta principios del siglo XX como resultado del empleo de las técnicas químicas por biólogos y citólogos.

En el siglo XIX era usado frecuentemente el nombre de Química Biológica como sinónimo de Bioquímica. Ambos términos se han empleado indistintamente desde entonces, perdurando más el primero en los países latinoamericanos y anglosajones

Los hechos más trascendentales en la evolución del conocimiento químico del mundo vegetal y animal  pueden esquematizarse de la siguiente forma:

1. Consolidación científica de la Química. Desde finales del s. XVIII

2. Cimientos de la Química Orgánica. Mediados s. XIX
3. Desarrollo de la Bioquímica. Comienzos del s. XX
4. Inicio de la Biología Molecular. Segunda mitad del s. XX

Si bien es cierto que el desarrollo de la bioquímica corresponde al siglo XX, el estudio científico de los componentes y procesos químicos propios de los seres vivos hunde sus raíces en épocas más tempranas.

Con este criterio nuestra  reseña abarcará obras relacionadas con la química de los seres vivos publicadas en España desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XX. 

Como hicimos para la Fisiología en relación al desarrollo histórico de España, dividiremos esta exposición en cuatro etapas : final de la Ilustración, periodo de catástrofe, etapa intermedia y periodo de Revolución y de Restauración (ver boletín nº 7).

 

1ª Etapa. Final de la Ilustración (incluyendo la primera década del siglo XIX)

Esta etapa corresponde cronológicamente a la consolidación científica de la química. La obra de su figura más representativa, Lavoisier,  fue recogida por los químicos españoles Aréjula y Gutiérrez Bueno.

El médico Juan Manuel de Aréjula, durante su estancia en París estudiando química junto a Fourcroy, compuso sus Reflexiones sobre la nueva nomenclatura química que fueron publicadas en Madrid en 1788 por Antonio de Sancha en una obrita de 38 páginas acompañada de un prólogo donde incluye una carta a los químicos españoles y una aclaración de que su trabajo no es meramente la traducción de la Nueva Nomenclatura si no su adaptación al castellano.

Pedro Gutiérrez Bueno, catedrático del Colegio de Cirugía de San Carlos, publicó en Madrid en 1788 la obra Método de la nueva nomenclatura química propuesta por Lavoisier, Marveau y Fourcroy, editado por Antonio Sánchez. La obra tuvo una segunda edición en 1801, Madrid, A. Sancha, en un volumen en octavo deXVI+123 páginas.

Entre otras obras, Gutiérrez Bueno escribió en 1802  su Curso de Química, dividido en lecciones para la enseñanza del Real Colegio de S. Carlos, editado en Madrid por Villalpando. Corresponde a un volumen en 8º de 288 páginas con un total de LXXXVII lecciones y un apéndice sobre el modo de hacer los reactivos. Las lecciones LXVII a LXXX tratan de la química de los reinos vegetal y animal, de las fermentaciones, respiración, digestión, calor animal y putrefacción.

Junto a Gutiérrez Bueno destacaron en esta época los químicos franceses Proust y Chavaneau. Ambos fueron contratados como profesores de química por el Real Seminario Patriótico de Vergara. Luis Proust también fue encargado de la enseñanza de esta materia en el Real Colegio de Artillería de Segovia y de la dirección del Laboratorio de Química de Madrid. Durante su estancia en Segovia inició la publicación de los Anales de los cuales aparecieron dos únicos volúmenes en 1791 y 1795.

En Madrid Francisco Chavaneau fue catedrático de la Real Escuela de Mineralogía y director del laboratorio de Química del Ministerio de Hacienda. En 1790 apareció en Madrid su obra Elementos de Ciencias Naturales, editada por la viuda de Ibarra, de la cual solo llegó a publicarse el primer volumen.

En 1793 se publicaron los Elementos de Química de J. A. Chaptal, Madrid, Viuda e Hijo de Marin. La obra, fue traducida por el médico y químico Higinio Antonio Lorente. Tuvo una segunda edición en 1803, en Madrid, editada por Mateo Repullés. El tomo tercero trata  de las substancias vegetales (páginas 1 a 156) y animales (páginas 156 a 228).

Al comienzo de su etapa científica, la química fue aplicada en España en los campos de la farmacia e industria fundamentalmente. Los siguientes ejemplos ilustran aquella época.

Francisco Carbonell y Bravo publicó en 1802 la primera versión en español de sus Elementos de Farmacia. La obra, que había tenido una primera edición en latín, apareció en Barcelona editada por Juan Francisco Piferrer en  un volumen en 4º de 6 hojas, XIV+146 páginas y una hoja. Es un ejemplo de la aplicación de los nuevos conocimientos químicos a la farmacia

Tres años después se publicó la tercera edición, también en Barcelona pero por Francisco Isern y Oriol, en  un volumen en 4º de 6 hojas, XIV+173 páginas.

Obsérvese que en esta edición ya aparece Carbonell como catedrático de química y que la antigua denominación de chímica de la edición de 1802, ha sido modernizada.

Carbonell fue catedrático de química en la Escuela de la Real Junta de Comercio del Principado de Cataluña que en los primeros años del siglo XIX impartía clases en la Lonja de Barcelona acompañadas por ejercicios prácticos desarrollados por sus alumnos. Entre estos figuran Agustín Yáñez y Girona, destacado naturalista de la primera mitad del siglo y Juan Bautista Foix, más tarde catedrático de Terapéutica y Materia Médica. Un programa de estos ejercicios fue impreso sin año en Barcelona por los Herederos de Suriá y Burgada en un volumen de 4 hojas y XXXVII páginas.

José María de San Cristóbal y José Garriga y Buach, pensionados en París para completar sus conocimientos químicos junto a Vauquelin, publicaron en esa ciudad, en 1804, un Curso de Química General. La obra fue editada por Carlos Crapelet en dos volúmenes en 4º, de XVIII+422 páginas y XIII láminas plegadas y 603 páginas y XI láminas plegadas, respectivamente.

En 1803 se publicó en Madrid la segunda edición del Diccionario elemental de Farmacia, Botánica y Materia Medica de Manuel Hernández de Gregorio, subtitulado como Aplicaciones de los fundamentos de la Química moderna a la Farmacia en todos sus ramos. La obra fue editada por la Imprenta Real en tres volúmenes en 4º, de 5 hojas, XXVI+376 páginas, 2 hojas y 9 láminas = 428 páginas, 1 tabla plegada y 3 láminas = 478 páginas, 1 lámina y 1 tabla plegada. Incluye artículos como fécula, fermentación, gelatina, gomas, harinas, leche, vinagre, etc.


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