Nº 33 Agosto-Septiembre, 2006
EDITORIAL
La Microbiología en España (2)
En este número, TERMILA continua la reseña de algunas de las obras relativas a la Microbiología publicadas en España durante el siglo XIX y primer tercio del XX.
3. Obras tempranas publicadas en España sobre enfermedades infecciosas
1768. Andrés Piquer. Tratado de las Calenturas. Madrid. Joachin Ibarra. La quinta edición apareció en Madrid en 1788, editada por Antonio Baylo. Las calenturas serían lo que actualmente conocemos como procesos febriles, una gran parte ocasionado por enfermedades infecciosas. En la obra considera al aire como causa fundamental de las calenturas. Según escribe Piquer: "el ayre no siempre causa las calenturas por el calor, frialdad, y demás alteraciones sensibles con que suele comunicarse á nuestros cuerpos, sino por las influencias imperceptibles que adquiere de los Astros o de las exhalaciones de la tierra. ... Tambien sucede, que algunas naturalezas hay tan robustas, que pueden superar la fuerza del ayre; y otras hay, que aunque sean débiles, no caen en las enfermedades epidémicas, porque el vicio que el ayre trahe consigo, no se proporciona con su naturaleza".
1776. Antonio Pérez de Escobar. Avisos Médicos populares, y domésticos. Historia de todos los contagios: Preservcion, y medios de limpiar las casas, ropas, y muebles sospechosos. Madrid. Joachin Ibarra
La obra expone una visión clásica del tema pero algunos de sus párrafos nos permiten comprender el conocimiento que se poseía en el último cuarto del siglo XVIII sobre las enfermedades infecciosas: "Contagiosas se dicen aquellas enfermedades, que contienen un vicio extraordinario, capaz de comunicarse á otros, y causar en ellos la misma especie del mal. Este vicio se engendra en un cuerpo enfermo, y de él sale unas veces sensiblemente entre algun humor, como la linfa salival en la hydrophobia, y la genital en el mal venéreo: otras veces sale insensiblemente en forma de vapor; como en la peste, viruelas, sarampion, y disenteria; y haciendo transito a otro cuerpo, constituye lo que se llama contagio... El contagio consta de tres partes. Primera, el cuerpo enfermo, que contenga vicio capaz de inficionar: segunda, cuerpo sano, que le reciba, y de esta causa contrayga el mismo mal: tercera, la infeccion, que consiste en una porción humoral, ó halituosa, por cuyo medio pasa de un cuerpo á otro el vicio, y la enfermedad... Por contagio comunmente se entienden los miasmas, ó semillas de la infección... Cada una de las enfermedades contagiosas arroja su peculiar contagio; por esto son muchos, y distintos expecíficamente entre sí. Esto se hace mas patente, si se considera que cada una tiene su privativo efecto; pues el enfermo virolento, quando inficiona á otro, no produce otra enfermedad que viruelas: el pestífero peste; el leproso lepra; y así en los demás. Respeto al modo, y medios de comunicarse, y propagarse (el contagio) se distribuye en tres clases. Primera, quando el contagio en su ser natural tiene tanta fuerza, y extension, que no solo se comunica por contacto inmediato, y lo reciben los cuerpos vivientes, que están cercanos, sino que se pega tambien á las ropas, y muebles, y se esparce por el ayre, residiendo, y conservándose por algun tiempo sin desvanecerse, así en las ropas, y muebles, como en el ayre: de suerte, que aun transportado á otros parages distantes, retiene la aptitud para inficionar, y propagarse. Este modo...es el mas general. La segunda, es quando el contagio está reducido precisamente por la mas íntima accion de un inmediato contacto. La tercera, y es la mas limitada, quando el contagio consiste en unos particulares, y determinados hálitos, capaces de desvanecerse, y perder su actividad á una no larga distancia, y solo puede inficionar á los que están para recibirlos próxîmos, ó muy cercanos.. A la primera clase corresponden la peste, calenturas pestilenciales, las viruelas, y el sarampion... A la segunda clase se reducen el mal de la rabia, y el mal venereo... La tercera clase es como un medio entre las dos referidas, y á ella pertenece la lepra, la sarna, la disenteria, y la calentura maligna... Los contagios guardan su cierta analogía, y esto se observa entre los que son propios de las plantas, y los árboles. Tambien entre los de los animales, y de estos entre los de la misma especie, con la notable diferencia, que el contagio que es propio de las platas, y de los árboles, no trasciende á los animales; y el que es propio de estos no inficiona á los hombres".
1786. Francisco Gil. Disertación Físico-Médica en la qual se prescribe un método seguro de preservar a los Pueblos de Viruelas hasta lograr la completa extincion de ellas en todo el Reyno. Madrid. Viuda de Ibarra, Hijos y Compañía.
El autor propone el aislamiento de los enfermos de viruela que él mismo practicó en el Monasterio del Escorial, relatando el éxito de tal proceder para controlar la enfermedad.
1801. François Chaussier. Orígen y descubrimiento de la Vaccina. Traducido y enriquecido con varias notas por Pedro Hernández. Madrid. Benito García y Compañía.
En el prólogo, Pedro Hernández aconseja vehementemente la técnica de Jenner (vaccina) con el fin de combatir la viruela. La técnica se describe en la obra con la ayuda de varias ilustraciones que reproducimos.
1804. Piguillem Hermanos, Revert, López, Riera, Cano. Extracto de los mejores escritos sobre la Calentura Amarilla de las Américas. Barcelona. Compañia de Jordi, Roca y Gaspar.
La obra trata de la epidemia de fiebre amarilla que padeció Andalucía en los primeros años del siglo XIX y de sus antecedentes americanos
1805. Anónimo.Historia suscinta del origen, síntomas y métodos curativos de las enfermedades epidémicas, bajo el aplicado epitecto de la Fiebre Amarilla de los Estados Unidos de América entresacada de los mejores autores Franceses, Ingleses, y Americanos que hablan de la Materia. Compuesta por uno de los mas amigos de la humanidad y vecino de Cádiz. s.l. Casa de Misericordia.
El autor se refiere también a la epidemia de fiebre amarilla que se sufrió Cádiz en agosto de 1800 y que en los años posteriores se extendió por otros puntos de Andalucía.
1824. Palloni. Memoria sobre el contagio de la Fiebre Amarilla. Traducido por Juan Francisco Bahí. Precedida de un discurso médico-práctico del traductor, demostrativo de la opinión errónea de los que creen ser la fiebre amarilla indígena en Barcelona. Barcelona. Junta Superior de Sanidad. Viuda de Agustín Roca.
La obra trata de esclarecer el origen americano de los brotes epidémicos de fiebre amarilla de Europa y a los que anteriormente se habían presentado en diversos puertos Españoles tales como Cádiz, Cartagena, Alicante y Barcelona (1821).
1832. Alex. Moreau de Jonnés. Monografía ó Tratado completo del Cólera-Morbo Pestilencial. Madrid. Moreno.
El cólera es una enfermedad endémica de la zona de Calcuta, Madrás, Bombay, etc. En 1823 apareció en Astrakan. En 1830 se extendió por los países del Volga y del Caúcaso, prosiguiendo su avance por Austria e Inglaterra (1831-32), pasando a Francia y Holanda. En Francia ocasionó más de cien mil víctimas mortales. En España apareció en 1833 en el puerto de Vigo. Alejandro Moreau de Jonnès fue un militar y economista francés (1778-1870) al que se debe varias obras de higiene. En relación a las circunstancias narradas en la citada obra, Pedro Felipe Monlau escribió en el mismo año un librito titulado El cólera morbo invadirá España.
1859. José Varela de Montes Piretología Razonada. Filosofía Clínica aplicada al estudio de las Fiebres y de las Calenturas. Santiago. Jacobo Souto é Hijo.
La obra es un tratado médico de los procesos febriles, expuesto en una época anterior a la del desarrollo de la bacteriología.
1876. Ramón Sánchez y Merino. Tratado General de las Fiebres Esenciales. Madrid. Sánchez.
Como el propio autor confiesa, la obra no aporta nada nuevo en el conocimiento de las enfermedades febriles.
En las obras de higiene la relación entre microbios y enfermedades aparece tardíamente. Así en la tercera edición de la Higiene privada de Pedro Felipe Monlau, publicada en 1864 puede leerse: "Hay ciertas emanaciones cuya presencia no puede certificarse por los medios eudiométricos conocidos, y que sin embargo vician el aire y causan en nuestros órganos desórdenes más ó menos profundos. Tales son los miasmas que se engendran comunmente en toda reunión de personas enfermas. Los miasmas ... no son idénticos, y cada enfermedad da nacimiento á miasmas diferentes en su modo de obrar.... Lo hasta aquí dicho de los miasmas es aplicable tambien á los efluvios pantanosos, que se desprenden de los pantanos, de los lagos, de los arrozales, de las albercas, de las balsas, de las aguas encharcadas, etc."
En la cuarta edición de sus Nociones de Fisiología e Higiene, Joaquín González Hidalgo escribe en 1870. "Las aguas estancadas son muy perjudiciales para la salud por los miasmas que desprenden y que introducidos por absorción pulmonar o cutánea en el cuerpo, producen enfermedades graves y muchas veces mortales. El cólera, en la India, la fiebre amarilla, en el Golfo de Méjico, la peste, en Levante, y las tercianas en nuestros climas, son enfermedades que resultan de los miasmas que se desprenden de las aguas estancadas por la putrefaccion de sustancias orgánicas a beneficio del calor y la humedad".
Fueron los trabajos y descubrimientos de Pasteur a partir de la década de los setenta del siglo XIX, aplicando una metodología similar a la utilizada para investigar la fermentación y putrefacción y que sirvieron para descartar la generación espontánea de los microorganismos, los que permitieron desarrollar el cuerpo de doctrina de la etiología bacteriana de las enfermedades infecciosas. Junto a los trabajos de sus discípulos Joubert, Chamberland y Roux y por supuesto a los de Koch, permitieron que la Biología y Medicina entrasen en una nueva era.
En 1890 se publicó en Madrid la obra de Dujardin-Beaumetz La higiene profiláctica, en la que se exponía, de forma sencilla, el desarrollo histórico de las primeras etapas de la microbiología médica, así como el estado de conocimiento de la misma en ese momento.