Nº 34 Octubre-Noviembre, 2006
EDITORIAL
La Microbiología en España (3)
En este número, TERMILA continua la reseña de algunas de las obras relativas a la Microbiología publicadas en España durante el siglo XIX y primer tercio del XX.
4. Los microorganismos en las obras de Historia Natural publicadas en España en el siglo XIX
El tratamiento de los microorganismos en las primeras obras de Historia Natural publicadas en España en el siglo XIX se limita a reproducir lo que años antes habían aportado los sistemas de clasificación desde Linneo a Cuvier. En la primera obra moderna de Historia Natural española dedicada a la enseñanza, Lecciones de Historia Natural, publicada por la Viuda de Roca en Barcelona en 1820, Agustín Yáñez incluye en los Zoófitos a los Infusorios los que subdivide en dos órdenes, Rotíferos y Homogéneos. Yáñez los describe de esta forma: "Linneo incluye en este mismo subórden (Zoófitos libres) una porción de animales de una pequeñez extraordinaria, destituidos de órganos externos visibles, que se agitan con rapidez dentro de varios líquidos y se hallan en todos los cuerpos orgánicos. Estos animales microscópicos ó invisibles á la simple vista se llaman Infusorios, porque parece que se hallan en infusion; y forman un orden aparte en el systema naturae reformado por Gmelin y en todos los modernos, cuyo órden está en el último eslabón del reyno animal. Una gota de vinagre, una partecilla de queso, una corta porción del sarro de los dientes, y hasta una gota del agua mas cristalina, son otros tantos océanos en que se observa nadar una multitud incomprehensible de estos animales microscópicos". Entre las plantas inferiores, cita únicamente los líquenes, hongos y algas.
En 1834 se publicaron en Valencia, en la imprenta de Cabrerizo, las Lecciones elementales de la Historia Natural de los Animales de G. Cuvier, traducidas por José Garriga y Baucís de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona. La obra en dos volúmenes, describe a las Monadas (Monas) como "los animales mas simples i mas pequeños que se conocen, porque aun valiéndose de los microscopios de más fuerza, solo parecen puntos, redondos u ovalados, que se mueven con celeridad i en todas direcciones. Hai millares de ellos en la más pequeña gota de una infusion, o de agua encharcada. Casi está uno tentado de creer que muchos de estos animales microscópicos no son formas mas que la descomposicion de las substancias que se han puesto en infusion".
En 1838 se publicó el Tomo III de los Nuevos Elementos de Historia Natural de Salacroux, traducidas por José Rodrigo, doctor en Medicina y Cirugía. La obra incluye una Quinta Clase de animales (Microzoologia) en la que incluye los Microzoarios (microscópicos, infusorios o animalillos) bajo cuyo nombre señala "un gran número de animalitos esencialmente acuáticos que no se pueden percibir á simple vista, y en los que no se encuentra órgano alguno especial para la sensibilidad, movilidad, reproduccion y nutricion". Dentro de este grupo incluye la familia de los Monadarios que "toman su nombre del griego monas, átomo, porque en efecto su cuerpo está reducido á un simple punto esférico ó globuloso, en el cual no se halla boca ni cola. Divide esta familia en tres grupos principales: los Vólvoces, los Protéos y los Monades. En cuanto a los Monades (monas) se escribe "deben mirarse mas bien como el elemento de todos los cuerpos organizados que como animales verdaderos: son por decirlo asi unos átomos imperceptibles y homogéneos, en los cuales el mejor microscopio no puede hacer descubrir vestigio alguno de órgano particular. A pesar de esta sencillez de organizacion, los monades gozan de una movilidad prodigiosa. Cuando se examina una gota de agua, se percibe en ella una multitud innumerable de estos animalillos ó átomos globulosos, que ruedan continuamente unos sobre otros. Pero para que este movimiento se verifique es preciso que el animal esté sumergido en el agua; pues luego que queda en seco, cesa de obrar, y muere". En cuanto a los seres incluidos en este grupo se escribe: "La principal especie de este género es el monade elemental, llamada asi por alusion á lo que acabamos de decir, que es el principio de toda organizacion. Una segunda especie es la monade polvo, que se encuentra, asi como la especie precedente, en todas las aguas, aun las mas puras". Acompaña esta descripción una figura en la que se aparecen los monades y que constituye una de las primeras representaciones de bacterias en obras de historia natural publicadas en España.
En 1842, Agustín Yáñez publica el Diccionario pintoresco de Historia Natural. Barcelona. Joaquin Verdaguer. En dicho diccionario, inserta un artículo referente a los Infusorios.
El mismo Yáñez, en el volumen primero de su Historia Natural de 1844, modifica la subdivisión de los Infusorios en Rotíferos y Poligástrios.
También de 1844 data la zoología de Milne-Edwards, traducida por Juan Antonio Monedero y editada por Pio Baroja en San Sebastián. La extensión y profundidad de la obra contrasta con la limitada descripción que hace de los Infusorios. En concreto de los Monades sólo dice "que parecen unos pequeños puntitos volteando en el agua en que nadan". También representa gráficamente estos organismos.
La falta de interés por estos seres es aún más manifiesta en la obra de Aquiles Richard, Elementos de Historia Natural Médica, traducida por Bartolomé Obrador y editada en Madrid, Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos y Ciegos. En el Tomo segundo de 1846 se cita a los Infusorios únicamente en la tabla que reproduce la clasificación de los animales de Cuvier. Esta situación indica con claridad que los naturalistas de mediados del siglo XIX no relacionaban los procesos patológicos con la existencia de los microorganismos.
En el Manual de Historia Natural de Manuel María José de Galdo, catedrático de esta materia en la Universidad de Madrid, editada en Madrid en 1849 por B. González, aparecen los infusorios como: "animales microscópicos, gelatinosos, transparentes, homogéneos, polimorfos y contràctiles, que se se mueven tan solo por la irritabilidad escitada. Viven (como lo dice su nombre) en las infusiones y en varios líquidos, entre ellos en el vinagre". Los divide en Rotíferos y Homogéneos. Entre estos últimos incluye las Monas.
En el Curso de Historia Natural aplicado a la Medicina de Patricio de Salazar Real Rodríguez, catedrático de la asignatura en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, editado en Madrid en 1855, Imprenta de la Compañia de Impresores y Libreros del Reino, se refiere a los Infusorios como imperfectamente conocidos y carentes de aplicaciones médicas.
En el volumen VIII de la obra Los Tres Reinos de la Naturaleza, dirigido por M. M. J. de Galdo y publicada por Gaspar y Roig en Madrid en 1857 se hace una amplia referencia al conocimiento de la época de los infusorios (protozoos) citando los trabajos de Christian Gottfried Ehrenberg (página 517), el incansable investigador de estos organismos y que había acuñado el término bacteria en 1838.
En los Elementos de Zoología de Laureano Pérez Arcas, cuya segunda edición apareció en Pinto en 1863 (la primera se publicó dos años antes), se incluye entre los Fitozoos a los Infusorios y dentro de estos aparecen el género Monas. Esta misma situación se refiere en la sexta edición de 1886.
En los Elementos de Ciencias Físico-Químicas y Naturales de Manuel Pérez García, publicados en 1876 en Madrid por Saturnino Calleja Fernández se puede leer: "Los infusorios comprenden los vorticellos y el paramención, que viven en infusiones vegetales, y los mohos y microbios, en los animales, desarrollándose muchos de ellos en las fermentaciones pútridas, acéticas y alcohólicas".
En la cuarta edición de los Elementos de Historia Natural de José Albiñana, editada en Lérida por José Plá Pages, en 1889, puede leerse al describir los Infusorios: "Las cercomonas y tricomonas que viven en el intestino y vagina de la especie humana; las monas que contienen formas redondeadas y carecen de pestañas vibrátiles; ... y todos los microbios de Pasteur deben incluirse en esta clase".
En ninguno de los tratados de botánica aparecidos en España con anterioridad al último decenio del siglo XIX se cita a las bacterias.
La primera referencia que rompe con esta rutinaria exposición de los microorganismos, la encontramos en la Historia Natural de Ignacio Bolivar, Salvador Calderón y Francisco Quiroga editada en 1890. En ella aparecen las bacterias formando las Bacteriáceas incluidas entre las Algas Cianofíceas y los Protozoos clasificados en Moneras (Sarcodarios), Rizópodos, Gregarios (Esporozoarios), Flagelados e Infusorios.