Nº4 Octubre-Noviembre, 2001
EDITORIAL
Antonio Martí Franqués
En 1956 la Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana (UTEHA) publicó la obra de Emile Guyénot Las ciencias de la vida en los siglos XVII y XVIII, traducida por José López Pérez y revisada e ilustrada por el naturalista español Enrique Rioja, entonces profesor de la Universidad Autónoma de México. Dicha obra, de unas 400 páginas, expone la evolución de los conocimientos biológicos en los comienzos de la etapa científica, con referencia a centenares de naturalistas. Llama la atención el que en ese periodo de doscientos años solo se cite a un español: Antonio Martí Franqués.
El trabajo por el que Martí Franqués se hace acreedor a semejante privilegio fue una memoria titulada Experimentos y observaciones sobre los sexos y fecundación de las plantas que leyó el 28 de marzo de 1791 en la Academia Médico-Práctica de Barcelona, la cual acordó su impresión el 27 de junio del mismo año. Aunque solo fuera por este trabajo, la Academia de Barcelona tendría un lugar destacado en la historia de las ciencias biológicas. El antecedente que motivó el estudio de Martí fue la controversia que existía sobre la necesidad de la participación de los dos sexos en la reproducción de las plantas. Aunque Linneo había aceptado en 1760 la existencia de los sexos en las plantas, los experimentos de Spallanzani parecieron indicar que en el cáñamo y en otras tres de las siete especies estudiadas por él no era necesario el concurso del polen para desarrollar plantas maduras.
Dudando de estos resultados, Martí comenzó en 1789 a trabajar con el cáñamo y las otras especies, siendo el resultado de estos estudios el objeto de la memoria citada, la cual se publicó como un volumen en octavo de ochenta y seis páginas
En las páginas 1 a 11 de la obra, hace Antonio Martí una exposición de los conocimientos e ideas que en su tiempo se tenían sobre la cuestión, citando a Grew, Camerario (1), Tournefort, Linneo (2), Spallanzani (3) y un autor anónimo, probablemente Fougeroux de Bondaroy (4). Trata la discrepancia entre los que consideran necesaria la participación de los dos sexos para la fecundación de las plantas (Camerario, Linneo) y los que no la creen necesaria (Spallanzani, M. F. de B.).
En las páginas 11 a 41 expone las observaciones y experimentos que llevó a cabo en el cáñamo a partir del 3 de marzo de 1789 y que proseguiría durante 1790. Encontró que en el campo, las plantas femeninas solo daban semillas en el periodo de junio a agosto. Fuera de esta época eran incapaces de fructificar aún en presencia de plantas masculinas.
En agosto de 1789 sembró en tiestos semillas de cáñamo que dieron plantas femeninas y masculinas, estas con polen bien desarrollado a partir del 11 de septiembre. En el mes de octubre obtuvo de estas plantas semillas fértiles. Por el contrario, una planta hembra que mantuvo aislada de las plantas macho permaneció sin dar semillas hasta acabada la experiencia en el mes de diciembre.
De esto dedujo Martí Franqués que las plantas hembras de cáñamo eran capaces de producir sus simientes pasada la estación de la cosecha ordinaria, con tal de que tuvieran cerca algunos machos.
Así mismo, logró la fecundación de una planta femenina mediante la aplicación de polen con el dedo o con la punta de un alfiler sobre el pistilo de una flor de cáñamo.
Explicó el que Spallanzani encontrara fecundación de plantas hembras de cáñamo aisladas, aparentemente, de otras masculinas, bien mediante la existencia de flores monófilas, es decir, flores con una sola antera pero provistas de polvo (polen) perfecto propias de las hembras de esta especie, bien por la existencia de flores hermafroditas o por haber quedado sus plantas fecundadas cuando eran muy jóvenes y antes de separarlas de los machos.
En las páginas 41 a 57 expone la conservación del poder generativo del polen y órganos femeninos del cáñamo.
En la página 41 escribe haber comenzado a estudiar el algarrobo, planta también dioica y su interés en proseguir estas observaciones.
En las páginas 57 a 59 refiere los resultados de sus estudios sobre la espinaca (Spinacia oleracea), otra especie en cuya reproducción Spallanzani pretende hacer innecesario el concurso de los dos sexos. En este caso, aunque no consiguió Martí aislar las flores femeninas de las masculinas ya que la eliminación inicial de estas últimas fue seguida de la formación de nuevas flores masculinas, si observó el alargamiento de los pistilos durante el periodo en que faltaron las flores masculinas maduras. Este alargamiento, fenómeno que ya había observado en el cáñamo cuando no existía polinización, lo interpretó como una prueba de la necesidad de los dos sexos en la fecundación de la planta de espinaca.
En las páginas 59 a 68, describe Martí sus experiencias con las curcubitáceas. En la calabacera zandia (Cucúrbita citrullus) y en la calabacera de bonetillos (Cucúrbita melopepo) Spallanzani también negó la necesidad de la intervención de los dos sexos en la fecundación.
Martí encontró que las flores del melón son prácticamente siempre hermafroditas en contra de la opinión general de los botánicos del norte de Europa. Deduce que si esa diferencia entre las plantas del norte y sur de Europa se debe al distinto clima de estas regiones, podría ocurrir lo mismo en la sandía (especie utilizada por Spallanzani). En efecto, aunque no con la constancia del melón, también encontró en la sandía individuos que aparte de las flores masculinas y femeninas, desarrollaban flores hermafroditas.
Igualmente, fue incapaz Martí de observar la fecundación de la calabacera de bonetillo en ausencia de flores masculinas o hermafroditas, aunque refiere su temor de haber estado ensayando con semillas híbridas.
Entre la página 68 y 86 de la memoria hace Martí un resumen de sus experiencias sobre las cuatro especies citadas por Spallanzani y concluye: "la del cáñamo depende absolutamente del polvo de sus antheras para su fecundación mientras que en la espinaca, sandía y calabacera de bonetillo nos obligan a no exceptuar sus fecundaciones de la misma regla". El autor cree que ninguna cucurbitácea debe escapar a la necesidad del polen para su fecundación y expone una serie de incógnitas que considera importantes para el conocimiento de la fisiología vegetal y de cómo afrontarlas, usando incluso el microscopio (página 78), así como el interés del estudio de los híbridos.
En la página 85, Martí da fe de su modestia con estas palabras finales: "La Naturaleza reservada y silenciosa que empezé á preguntar solo movido de curiosidad, y para emplear algunos ratos de recreación campestre, seguramente no me dará aquellas respuestas sublimes, y cientificas, con que suele favorecer á los que por su profesión y grandes talentos, preparados ya con la mas profunda y vasta erudición saben de tal modo consultarla que la obligan á revelarles sus más profundos arcanos. Conozco mi insuficiencia; y llamado desde mi retiro, he venido á ocupar con rubor un asiento entre los respetables Individuos de esta Academia".
En la página 86 el secretario de la Academia Médico-Práctica de Barcelona certifica que Antonio Martí, socio libre de la misma, leyó el 28 de marzo de 1791 el presente trabajo sobre los sexos y fecundación de las plantas. Firmado el 27 de junio de 1791.
(1) Rudolph Camerarius (1665-1721). De sexu plantorum epistola (1694).
(2) Linnneo. Sexo de las plantas (1760).
(3) Spallanzani. Esperienze per servire alla storia de la generazione (1767), traducida al francés como Expèriences pour servir à l’histoire de lagènération des animaux et des plantes (Ginebra, 1786).
(4)M. F. de B. Journal de Physique (1775)